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Comprar castañas bien

Dos números y un nombre explican casi toda la diferencia entre dos sacos de castañas que cuestan lo mismo: cuántas entran en un kilo, y de qué árbol vienen.

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El calibre es el dato de la etiqueta y el que más gente lee al revés: cuenta cuántas castañas hacen falta para un kilo, así que un número bajo significa castaña grande. Un calibre grande luce en una bandeja y se pela mejor; uno pequeño rinde más y cuesta menos, y para una crema o un puré la diferencia desaparece dentro de la batidora. Lo que el calibre no dice —si la castaña está sana por dentro, si viene seca de tanto almacén— es la mitad de la compra.

La variedad decide el resto. En Galicia las que más se nombran son Longal, Amarelante, Famosa y De Parede, y no se comportan igual ni en la sartén ni guardadas: cada una tiene una piel, una dulzura y una resistencia distintas, y el nombre en la etiqueta es la única forma de saber cuál estás comprando.

Si compras castañas una vez al año, empieza por el calibre, que es el número que vas a tener delante en el momento de decidir. Si el calibre ya lo tienes claro, la variedad es lo siguiente, y es la que explica por qué dos castañas del mismo tamaño no saben igual.

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